Creo que es de suma importancia transcribir el Editorial que Aldo Mariátegui escribe en un diario de la ciudad de Lima, con relación al perdón para los Militares;
Desde ya debo manifestar que estoy totalmente de acuerdo con todo lo expresado en esta columna que es digna de aplauso:
> ¿Perdón? ¡Por supuesto!
> Si usted está leyendo tranquilamente está columna en algún lado y yo puedo
> trabajar sin problemas es gracias a que nuestras Fuerzas Armadas
> derrotaron al terrorismo. Usted o yo ya estaríamos muertos o en un campo
> de reeducación comunista o refugiados en el extranjero(los más afortunados). > Lo de Sendero no era broma. Como su admirado Pol Pot, estos implacables
> asesinos ideologizados estaban dispuestos a matar a millones de peruanos
> con el fin de llegar al Año Cero para quedarse con una masa pasiva y
> moldearla de maoísmo. Y crueldad con determinación no les escaseaba:
> ponían coches bomba indiscriminadamente, mutilaban campesinos, les
> sacaban los ojos a los soldados, secuestraban niños, quemaban pueblos,
> mataban ganado, hacían barbaridades. Basta recordar las bestialidades que le > hicieron a la reconocida ecóloga Bárbara D'Achille para asesinarla. Y los del
> MRTA, esos gángsters castristas a los que fue muy cercano nuestro actual
> Premier, no se quedaban atrás, con raptos inhumanos donde dejaban
> guiñapos, como a Vera Ballón.
> Por eso apoyo incondicionalmente estos proyectos de perdón a los
> militares.
> ¿Que hubo excesos? Seguramente, y los lamento. Pero era una guerra, no un
> picnic, como bien dijo el propio Mao Tse Tung para describir una
> Revolución..
> Y en las guerras pasan inevitablemente cosas penosas porque se viven
> situaciones sicológicamente extremas. Era un conflicto en páramos lejanos,
> donde no sabías quién era tu enemigo, donde estabas pésimamente equipado > y donde te iban a sacar la lengua y hacértela comer si te capturaban vivo.
> No podemos ser tan tremendamente desagradecidos con estos veteranos que > pusieron el pecho para detener a esa máquina de muerte, no podemos
> hacerlos pasar la ordalía de vivir juicios eternos sólo para que Ernie y
> sus patas de las ONG anden felices con sus egos, recibiendo palmadas,
> premios y fondos del extranjero, sintiéndose todopoderosos detrás de sus
> cómodos escritorios mientras el soldadito, el pobre cholito que comió
> mierda para que esto no sea un cementerio gigante, es ahora crucificado,
> gastando todo su tiempo y dinero para defenderse de estos nuevos verdugos
> frente a una sociedad indiferente.
> Y éste es un tema generacional. No vengan los chiquillos de ahora, los
> universitarios, los menores de 30 años, los que no la vieron de cerca, a
> ponerse exquisitos con los derechos humanos, pues a ellos no les han
> explotado cincos bombas cerca como a mí, no han tenido que gatear por el
> suelo de su casa mientras zumbaban las balas y el pánico surgía cuando
> atacaban la embajada de la esquina, ni asistir a un montón de velorios, ni
> experimentar apagones con ráfagas de disparos por todos lados, ni sentir
> booms lejanos que revelaban algún bombazo más en la ciudad, ni redadas
> diarias encañonados por uniformados nerviosos. Lo que para ellos es una
> cuestión lejana y abstracta es algo muy presente para los supervivientes,
> para aquellos que escuchamos el Terror a través de las paredes, como bien
> escribió el poeta Ginsberg.
> ¿Perdón? ¡Por supuesto! Es lo mínimo que le debemos (y un monumento
> como aquel que hay en Washington a sus veteranos de Vietnam que
> acompaña esta nota). ¿O acaso no se le dio perdón a Yehude Simon y muchos > de estos compañeros de viaje del Terror? Y si se molestan afuera los padrinos > de las ONG caviares, pues a mostrarles el dedo medio y a ignorarlos. No va a
> pasar de un poco de chilla y la vida seguirá igual. Ni las ONG ni la Corte
> de San José van a bloquearnos o invadirnos.
> Aldo Mariátegui.
TECHO PROPIO EN EL PERU
Hace 4 meses
